Siglos después de muertos, la oscuridad de estos poetas se vuelve luz. Y su influencia es de tal modo profunda que puede llamárseles, más que poetas de poemas, poetas o creadores de poetas. En sus armas figuran siempre el fénix, la granada y la espiga eleusina.
Octavio Paz
El arco y la lira
El año: 2017. Caso de la vida real. Un profesor es invitado a la Universidad N., Departamento de Literatura. Por motivos de aniversario luctuoso (semejante al que convoca el presente texto, supongo), salió a colación en clase el nombre y la pregunta acerca de la poesía de León de Greiff. Ante un sorprendente silencio, el docente consulta si alguien sabe quién es. Un amable estudiante responde con certeza: “¿Cómo quién…?, dirás: ¿qué es? ¡Es un auditorio!” Estupefacto, el maestro no supo qué le generó más perplejidad: si la convencida respuesta, o el aprobatorio silencio del resto del aula.
Pues bien, Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Häusler (1895-1976), polémico bardo creador de neologismos, anacronismos, sintaxis sin par en las letras colombianas, escribió una vez, a través de uno de sus heterónimos, un manifiesto que ya se anticipaba a tales afirmaciones, nacidas de la cándida inopia: signos representativos y desoladores para el panorama cultural nacional, como declive en el aletargamiento colectivo:
Señala De Greiff-Stepansky:
Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida…
Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…
La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
—en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo…—
Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
(De Greiff, Relato de Sergio Stepansky. Fragmento 300, 303)[1]
Bardo múltiple de compleja asimilación, fue en su época quizás más malentendido de lo que podría ser hoy, siglo XXI, que al menos se le atisba en algunas esferas de la cotidianidad “lectora”. De estar vivo (sobra decir que su obra está más que latente y palpitante; nos referimos a su cuerpo octogenario de pipa, larga barba blanca de perilla y traje ajado) el poeta habría evitado la polémica. A León de Greiff no le gustaban las disputas. Ejemplo paradigmático: “Llamar a las personas que entran a misa ‘gansos del capitolio’ y ‘gentuza verborrágica’ no era una muy buena idea a mediados de 1900. Sus poemas lo llevaron no sólo a la excomunión por parte de monseñor Manuel José Caicedo Martínez –a quien León De Greiff decía haber excomulgado de vuelta-, sino también a problemas con las autoridades”[1]. Efectivamente, en los últimos años del período presidencial de Mariano Ospina Pérez, el café que De Greiff frecuentaba sobre la Avenida Jiménez con carrera quinta, en Bogotá (El Automático, hoy desaparecido, cuyo único referente, para el investigador curioso, es: “al lado del Kentucky Fried Chicken” ¡!), el Café El Automático, decíamos, visitado entre otros por un joven García Márquez, asiduo para escuchar al poeta, al lado de Álvaro Mutis, Germán Arciniegas, Luis Vidales, Arturo Camacho Ramírez y Emilia Pardo Umaña, precursora del periodismo femenino en Colombia, este café en fin, fue asediado entre otras cosas por unos policías que venían a detener a un sindicalista de militancia comunista.
El sindicalista estaba sentado cerca de De Greiff, razón por la cual le pidieron también una requisa. Lo único que le encontraron fue un poema en el bolsillo con un verso que decía: “Tabardo astroso cuelga de mis hombros claudicantes y yo le creo clámide augusta…”. El policía, desorientado ante el incomprensible léxico, solo atinó a pensar que era un mensaje en clave, y se llevó preso al poeta argumentando: “¡Así es como se hablan estos comunistas!”. Se dice que estuvo en la cárcel dieciséis días, y apunta bien J. M. Giraldo: “En este caso la alquimia del lenguaje dio resultado: logró convertir las palabras en problemas, claramente con la ayuda del catalizador de la estupidez policiaca”[2].
De Greiff inundo de oxígeno y de una inmensa bocanada de aire fresco el panorama intelectual (existente a cuenta gotas) en la Colombia de su tiempo. Perteneciente al movimiento Los nuevos y creador del grupo Los Panidas, la fuerza de este último encendió el viento de modernidad en la literatura y en general en el arte en Colombia. “Fueron ellos quienes dieron inicio a la contemporaneidad. Con ellos aparecen las vanguardias y sus manifiestos, al ahondar en las nuevas ideas y las nuevas formas de antecedentes inmediatos (Nietzsche, Simbolismo, Art Deco, Bahaus, Cubismo)”[3].
Junto con De Greiff, Ricardo Rendón, Fernando González y Tartarín Moreira, principalmente, y en honor a la deidad Pan (antiguo dios griego de la naturaleza indómita y fértil, de los pastores y los rebaños propios de los montes claroscuros: en la mitología romana conocido como fauno terrible sin par[4]), se creó el grupo vanguardista citado: Los Panidas. Al respecto nos recuerda Jorge Mario Álvarez: “A partir de Los Panidas, las dos constantes vertientes en la literatura y el arte en Colombia, como bien señala Luis Vidales (Suenan timbres), a saber, la instituyente y la suburbana, no sólo intensifican y amplían sus distancias, sino que la segunda se hace visible, palmaria, transgresora y directa”[5].
León de Greiff construyó entre sus libros un universo de aquelarre: rondas y cantos simultáneamente perversos, donde la Balada de los búhos estáticos se encuentra con mil brujas orgiásticas, que vuelan, en sensación erótica, hacia la luna cutánea por un instante inmenso (Goya, Fuseli, y sobre todo Hécate y Circe revelan sus rostros y sus pactos fáusticos con el poeta). Estribillos que se elevan en escoba de bruja. Aliteraciones y versos alados insistentemente córvidos; diseño alegórico de los desdoblamientos del yo; giros lingüísticos y retruécanos suprematistas, en una caldera donde la mandrágora y la belladona de la poesía logran un vitalismo que coexiste con el misterio de lo insondable en una misma y efervescente temperatura.
Marmita de aceleraciones de sentidos, de rimas de arquitecturas paródicas, alucinaciones ornamentadas, donde el humo de la pipa y el polvo de los libros acinados actualizan la teoría práctica de los humores griegos: melancolía, bilis negra, fastidio, risa, tedio… las Variaciones y las Tergiversaciones como forma de vida, mecanismo de combate contra la reificación del pensamiento, escudo contra el adormecimiento mental, corporal, singular y colectivo; engaño a la alienación coactiva, refutación del optimismo epocal.

Álvaro Mutis apuntó una vez: “no creo caer en la gratuita exageración que suele causarnos la nostalgia, si digo que es a León de Greiff, a su amistad y vigilancia, a su obra que se mantiene luminosa y presente como una lección que no se agota, a quienes debo el haber transitado el arduo camino de poesía. Al dar fin a cada uno de los poemas que he considerado dignos de llevar al lector, pienso siempre, sin remedio: qué me hubiera dicho León al leer esto”[6].
La poesía, la música y la filosofía del siglo XXI colombiano, por decir lo menos, respiran y respirarán en inmensa medida de León de Greiff: incontables obras manifiestan, a través de expresiones artísticas que lo convocan implícitamente, el necesario despertar de su escritura. Su obra crecerá sin cesar. Al decir de Nietzsche, pero esta vez aplicado a De Greiff, su obra no pertenece al hoy ni al mañana, sino al pasado mañana[7]: el buen estudiante del segundo semestre del año 2017, si no recuerdo mal, tenía al fin de cuentas razón. En su sentido etimológico concreto, León de Greiff es tan sólo un auditorio.
*Coda: quienes desconocen la historia y la cultura que los antecede, sostiene, observa y escucha, bien merecen que un tirano los gobierne.
Pablo García Arias
Doctor en Filosofía y Letras
Docente e Investigador
[1] De Greiff, León. “Relato de Sergio Stepansky”. Obra completa. Poesía, Colección obras escogidas Universidad Nacional de Colombia, vol. II. 2026, pp. 300-305.
[1] Ctd en Juan Mario Giraldo. “León de Greiff, un alquimista del lenguaje”. Revista Virtual: Alponiente. 2018.
[2] Ibid.
[3] Miguel Escobar Calle. (2008). “Los Panidas de Medellín. Crónica sobre el grupo literario y su revista de 1915”, Revista Credencial Historia, no.70, Bogotá, 1995, pp. 12-15.
[4] “Pánico” transliteración del griego antiguo πανικός (panikós), es una de las ominosas palabras derivadas de esta deidad báquica, esencia de sombríos aquelarres del medioevo.
[5] Jorge Mario Álvarez. Los Panidas. [videograbación]. Director e investigador, Jorge Mario Álvarez. Medellín. Tiempos Modernos. Cine y T.V, 2003-2016.
[6] Álvaro Mutis. “León de Greiff 1895-1976. Intacta presencia”. El Tiempo. 1999. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-858318
[7] Un “pasado mañana” que ya está aquí, ante nosotros, entre nosotros, en el más profundo de los recomienzos.